¿Por qué Jabutí?

Si pensamos en el inicio de nuestro camino lector, probablemente exista algún libro que nos despertó por primera vez el deseo de abrirlo y leerlo a solas; uno que quizás aún conservemos o que querríamos volver a leer para revivir aquellas emociones.  El mío, ese que viajó conmigo cuando me fui de casa, junto a lecturas adolescentes y otros tesoros, fue Andanzas de Jabutí la tortuguita, de Jorge W. Ábalos. Unos de mis primeros cuentos de literatura infantil largo, según el criterio de una niña de 7 años. 

Hubo otros antes, pero en este no había calabazas que se convertían en carrozas, ni narices que crecían. Jabutí, la protagonista de esta historia, era una tortuga o tortugo, no quedaba claro, y no tenía novio ni se iba a París a embellecer; no era mansa ni inofensiva. Más bien, era inteligente, valiente y algo tramposa. 

Situado en un tiempo pasado y mágico, cuando los animales, las plantas y las cosas hablaban, este personaje ya colocaba a la pequeña lectora en un lugar al menos incómodo. El libro, hablaba de su encuentro con otros animales, a quienes enfrentaba por supervivencia con astucia y malicia. Y si bien había detrás un relato un poco moralizante  – Jabutí era castigada por ufanarse de sus logros y hazañas, con la lentitud y la torpeza- , muy propio de una corriente de la literatura infantil ahora repensada, también echaba luz sobre un mundo en conflicto: en la selva los animales no vivían en armonía y no siempre ganaban los buenos, es más ¿quiénes eran los buenos?¿la tortuga era mala o era buena? 

Lo leí y releí muchas veces – no tenía tantos, hay que decirlo- sintiendo que ese libro me otorgaba un precioso saber, porque cuando tenés esa edad, querés saberlo todo y pensás que existen personas que sí lo saben todo. Otro nombre para el sapo o para el tigre: cururú, yaguareté… Y otros que nunca había escuchado nombrar: micuré, guazaú, curupirá, urubú. Un libro-puente hacia una realidad lejos de la ciudad: la selva guaraní, la tierra colorada y el río Paraná. 

Ábalos, ya lo había hecho con otro  libro suyo, “Shunko” (1949) que en algún momento fue de lectura obligada en la escuela, incluso llevada al cine. En esa hermosa novela, un maestro se muda de la ciudad al interior de la provincia de Santiago del Estero, donde conoce a Shunko, un nene de quien aprende muchas cosas. Ábalos, que era científico – fue también el primer escorpionólogo de la Argentina- y maestro en una escuela a orillas del río Salado – “el maestro bichero” – volcó sus vivencias en esa historia. Y así como en Shunko legitimaba los saberes ancestrales de una comunidad y su lengua, el quechua; en Jabutí rescata a los animales con poca prensa en los cuentos infantiles, con sus nombres propios en guaraní. También pone en valor un género de la cultura oral y popular como las leyendas, aquellos relatos donde el límite para explicar el origen del mundo y el comportamiento de la naturaleza, oscila entre lo real y lo fantástico. 

Finalmente, algo que decir de la edición (Editorial Plus Ultra, Colección Tejados Rojos, La escalerita, 1980). Antes de comenzar la historia, había un Mensaje para el niño o niña que lea este libro a quienes proponía una Amable Averiguación para que exploraran en su imaginación otras andanzas, otros viajes, otros finales para Jabutí. Y me encanta leerlo ahora, porque más allá de que hoy estas preguntas, aunque “amables” puedan resultar un poco escolarizantes, confiaba en el pulso creador de las infancias. Como muchas escritoras, ilustradores o inventoras, el libro les mostraba a les lectores la posibilidad de llevar un diario, les animaba a pensar y volcarlo al papel: Jabutí tiene un Diario, todo de hojas  verdes donde escribe sus andanzas ¿Se animan a agregar algunas noticias, aventuras, sucedidos? Además,  no sólo se dirigía a ellos como niños y niñas, también hablaba de infancias, anticipándonos que hay distintas formas de ser niños o niñas, según el lugar donde habiten, su cultura, su clase social.

Me hubiera gustado leer lo que pensaba en ese momento, pero se ve que no me animé a responder la “amable averiguación”. En cambio se lee mi nombre completo con una letra recién estrenada y una dedicatoria amorosa de mi madre, del año 87, la otra parte fundamental y necesaria en el inicio de mi biografía lectora.  

Desde el Club de Literatura Infantil de Jabutí,  esperamos que algunos de los libros que compartamos se conviertan en “ese libro” que revisiten con los años y con el que puedan revivir cada vez, un momento mágico de lecturas compartidas.

Noel

 

4 comentarios en “¿Por qué Jabutí?”

  1. Llegué googleando este libro por las ganas de releerlo. Como a vos, fue una hermosa entrada al mundo de los libros y comparto muchas de tus sensaciones en cuanto al relato. Hermoso volver a cruzarme con esa tapa. Gracias.

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